Mercadona y yo teníamos una relación muy sólida
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Consolidada en la confianza y en el suavizante de vainilla, pero algo cambió entre nosotros, el suavizante desapareció y quizás la magia se perdió con mi última lavadora.
Con el primer golpe empecé a mirar nuestra relación con otros ojos, los tomates no eran ni pizca de lo que fueron y las múltiples campañas de desprestigio en blogs y en facebook que antes me resultaban absurdas ahora sembraban dudas, lo de los tomates se lo perdonaba cada semana con esperanzas en las siguientes tandas pero luego fueron las naranjas, y unos limones ridículos, a mi la vitamina C no me la toca nadie.
La prueba de fuego fue la infidelidad total, hacer una compra en cualquier otro sitio y comprobar que lo del mejor precio también era otra mentira instaurada en mi cabeza con los años, fin, rompí nuestros lazos. Pero Mercadona es más listo que yo mucho más, y ha creado productos que otros no tienen y que ahora necesito, por lo tanto alguna vez vuelvo a sus brazos para calmar mis deseos de lo que en otro tiempo fue algo bonito y ahora es pura necesidad.
Y ahora me encuentro un poco perdida en busca de unos nuevos pasillos confortables donde probar suavizantes bajo miradas furtivas de dependientas que no quieren que profane sus productos a hurtadillas.
Buen lunes a todos :)
