El título me ha quedado muy de columna de opinión de periódico caduco, pero ea.
Los muros de mis redes sociales están completamente enfrentados, y nada tiene que ver con un juicio muy mediático de cuyo nombre no quiero acordarme. De un lado tenemos a las marcas, todo amor ellas, y de otro los consumidores, todo odio contra el consumismo generado por un amor de lata. Más de lo mismo.
Si tan quemados estamos, si tanto odio nos genera que nos imposten una celebración comercial y marketiniana, ¿por qué siguen mandando mensajes rojos y repletos de corazones? Quizás lo que pasa es que por mucho que os quejéis seguís alimentando el sistema, por mucho que os parezca una cursilería lo de las flores, y una patochada lo del peluche con un corazón, seguís comprando esas cosas un único día al año aunque, y al igual que ver Gran Hermano, tú no lo reconoces en público.
Hemos hablado de lo de comprar un regalo, pero casi peor visto está que te haga ilusión esa rosa, ese peluche o esa nota pegada en el cristal del baño. En estos tiempos del Tinder ya no podemos ponernos mojabragas blanditos, tenemos que ser impertérritos ante las muestras de afecto. Ni un ápice de debilidad.
Almas de cántaro, qué penica me da todo esto, no veis que esto va mucho más lejos del sistema, si del sistema ya no podemos salir ni queriendo. Dejarse querer, querer mucho, querer con un beso, un abrazo, una servilleta con un corazón y un ¿cenamos?... Venga, probad a, por un día, ser de carne y hueso.
Feliz San Valentín a todos por si no vengo el 14, patato besos y abrazos para los que gustéis y para los que no siempre os quedará revisar las redes sociales llenas de amor del bueno y del pagado, mientras blasfemáis cosas que alimenten alguna que otra úlcera venidera.
Buen martes a todos :)




